Despedida y cierre

Posted Julio 28, 2007 by Sule
Categories: Blog, Diario

Meine Damen und Herren, esta aventura ha llegado a su final. No puedo decir que me alegre de que concluya, más bien me entristezco por ello. Durante todo este tiempo he sido consciente de que este momento debería llegar y me he esforzado en aprovechar cada momento que me restaba, pero las despedidas siempre son duras. Por otro lado, tengo claro que se trata de un “hasta luego”, sin duda alguna. Quizá no vuelva en breve para una estancia más o menos prolongada, pero no me gustaría perder mucho el contacto con la gente y el idioma.

He aprendido en 5 meses más de lo que podría haber aprendido en 5 años; y no me refiero a ingeniería, que el aspecto académico de esta etapa ha sido más bien flojo. En primer lugar me he conocido mejor a mí mismo, aprendido de mis muchos fallos y menos virtudes. He conocido a gente de todo el mundo: a unos pocos de ellos los puedo llamar amigos, de otros muchos puedo decir que he compartido buenos momentos, y de algunos, que los recordaré levemente. También ha supuesto una breve experiencia viviendo de forma independiente, sin estar bajo el amparo de mis padres. Más por suerte que por desgracia normalmente estudio en la ciudad que me vio nacer y lugar de residencia, así que he tenido que esforzarme un poco más en aprender a vivir solo. Hacer la compra, cocinar… Esto ya no guarda ningún misterio para mi. Por no hablar de las lavadoras, campo de conocimiento en el que me he convertido en poco menos que una eminencia. Cuando vuelva a casa, igual mi madre me dice algo sobre compartir mis conocimientos lavadorísticos. Intentaré participar en estas tareas de forma asidua, durante una semana o dos, para no llamar mucho la atención. Dicen que en las erasmus se folla mucho y se pierde la capacidad de volver a convivir con los padres. Todo apunta a que eso no me pasará a mi.

Al margen de esto también he aprendido a manejarme con algo de soltura en inglés y estoy más que satisfecho con el poco alemán que puedo hablar (¡así como el Bávaro!). Y por si pudiese suponerme poco, que no es el caso, también he maltratado mucho éste mi hígado, disfrutado demasiado de fiestas, viajes y de aquella bonita tierra llamada Baviera.

Me gustaría agradecer a mis padres que me hayan permitido estar aquí, pues soy consciente del esfuerzo económico que les ha supuesto mantenerme. Esperemos dejar de chupar del bote pronto, o al menos no chupar tanto.

No puedo hacer otra cosa que recomendar esto a todo el mundo en edad estudiantil. El dinero que se recibe no es gran cosa, pero se gana mucho en multitud de aspectos. Apartir de ahora creo que se va a destinar más dinero a las becas, pero no obstante en España creo que tomaron la sabia decisión de repartir el dinero entre la mayor cantidad posible de estudiantes. Si puedes permitírtelo: just do it! Debería tratarse de algo obligatorio en cualquier plan de estudios. La gente me decía que era muy valiente viniéndome aquí, sin saber nada del idioma: después de ver lo que hay, diría que no hace falta valor alguno.

Una erasmus en Niederbayern es una de la mejores cosas que me han pasado jamás. Apenas bajarme del avión en Madrid y la aflicción me sobrevino. Echo de menos el lugar y a mucha gente, pero el Oktoberfest se aproxima y es una muy buena ocasión para regresar. Empezaré a planear el viaje.

Ha sido todo un placer y una buena experiencia escribir este blog; vale, sé que al final no he sido muy constante, pero las razones han sido más que justificadas. De hecho, creo que ha sido el asunto con el que he sido más constante jamás. Así soy yo. Lo cierto es que al principio fue una buena vía de desahogo en los momentos difíciles y más tarde un medio ideal en el que jactarme de las fiestas corridas :P Así pues, y en virtud de que el propósito de este blog fue recoger mi trayectoria en Baviera, queda clausurado hasta nueva orden: ya veremos si consigo volver con beca allí…

Auf Wiedersehen!

Entre maletas y cubos de pintura

Posted Julio 23, 2007 by Sule
Categories: Diario

Desde el sábado pasado estoy intentando hacer la maleta, que esto requiere de logística y destreza avanzadas. A la hora de realizar este menester, si se quiere llevar a cabo con cierto éxito, hay que comprender que lo importante no es la cantidad, sino haber jugado mucho al tetris y doblar bien las cosas. Cualquier cuerpo ocupa un volumen en el espacio y podemos sacrificar altura en pos de mayor longitud, o viceversa. Son decisiones cruciales, así como también hay que tener siempre presente la masa. No sé qué coeficiente de compresibilidad tendrá la ropa de algodón media, pero lo que no podemos hacer es meter 30 kilos en una maleta que haya sido proyectada para transportar 20. Muy arriesgado. Luego ocurre lo inesperado, donde no tiene cabida el “eso no me pasará a mi”.

Y si alguien pudo pensar que la ciencia del ‘hacer la maleta’ acaba aquí, está muy equivocado. Esta acción tiene un aspecto psicológico tremendo, y es que hasta que la maleta no está hecha, uno no es consciente de que realmente se va. Yo primero tuve un periodo de adaptación. Saqué la maleta hace un par de semanas y la dejé en medio de la habitación, aprendiendo a convivir con ella, perdiéndole el respeto.

Por si esto fuese poco, algunos ya han empezado a abandonar Gryffindor. El polaco y la checa, sin ir más lejos. El próximo soy yo. Por este motivo venimos haciendo fiestas de despedida y aun nos queda por perpetrar alguna más. La del sábado pasado fue de órdago: con toda seguridad ha sido la borrachera más fuerte que mis carnes han sufrido y, esperemos, sufrirán jamás. Tras algo de espectáculo en el Wohnheim, fuimos a un pub y gracias a las fotos tomadas con mi cámara, puedo asegurar que estuve allí aquella noche, que sin duda fue dura. Los alemanes suelen recurrir mucho a una expresión en estos casos: – Respekt!– me decían al día siguiente, pues no tuve ni rastro de resaca. Cosa que me permitió disfrutar del carrerón del domingo y asistir a otra despedida de unos coreanos.

Volviendo al sábado fatal, aquél día tuvo lugar unos de esos momentos owned que tan buena aceptación tienen en éste blog. Como para cada fiesta o barbacoa, tuvimos a bien preparar un par de decenas de litros de sangría. Para ello, nos servimos de cualquier recipiente que admita un volumen considerable. En este caso un par de cestos de los que se usan normalmente hacer la colada. Tras una noche dejando que la fruta macerase con un poco de vino en mi habitación, decidimos hacer un trasvase al otro contenedor. 50-50. Justo cuando empezaba a inclinar el recipiente original y comencé a sentir el fluido carmesí en mis dedos, caí en la cuenta de que el barreño tenía unos huecos donde meter las manos. El resultado fue un suelo y paredes manchadas de vinazo con sabor afrutado.

Cinco meses sin estropear nada en la habitación y ahora me pasa esto. Los 300€ de fianza obligan a uno pensar rápido en una solución fácil, inmediata y económica. Así que decidí comprar pintura blanca, no plástica, para pintar las zonas siniestradas. En Deggendorf hay un enorme centro comercial que hasta ahora no había conocido. Se llama “Real” y tiene un área igualita a un Leroy Merlin. Lugar que haría las delicias de cualquier MacGyver venido a menos. El inventario fue:

  • Pintura blanca (Malerweiss).
  • Cinta de carrocero (Kreppband). Hay que hacer las cosas bien, no sea que arregle la pared y fastidie el suelo.
  • Un set de rodillo y bandeja.

Jamás habría pensado que acabaría pintando alguna que otra pared en mi erasmus. Suerte que uno tiene buena mano para esto, esgrimiendo el rodillo con profesionalidad, y ahora ha quedado la habitación como nueva. El miércoles vendrán a comprobar que todo está en orden, hacer la prueba del algodón y algún que otro test de fatiga a los muebles. Espero que me devuelvan la fianza (Kaution) intacta, a la pintura invito yo.

Fin de exámenes

Posted Julio 20, 2007 by Sule
Categories: Diario

Ya hice el último examen: Maschinenelemente I. Con esta asignatura ocurrió algo que no me pasó con las demás. Según me contaron, el profesor fechó en junio un test a modo de validación. Superándolo, podrías optar a la lucha por el aprobado. Yo, como era habitual, no pillaba nada de lo que se manifiesta en clase. Así que no asistí a la cita (die Termin).

Como lo que a mi me ponía era hacer el examen, el profesor me dijo que intentase hacer un par de ejercicios del libro y en caso de realizarlos con cierto éxito, igual podría ganarme el derecho a escribir la prueba final. – Esto está chupado– pensé. Había ciertos libros de ejercicios resueltos en la biblioteca y la picaresca hizo el resto. Pero la realidad es que casi no fui capaz de hacer dos míseros cálculos. Así que en lugar de clamar a los astros, decidí clamarle al profesor via e-mail, que es más cómodo. Finalmente se apiadó de mi y me otorgó el beneplácito que yo buscaba.

¿Para qué quiere este tío hacer la prueba si no es capaz de hacer un ejercicio?– se preguntará más de un avezado lector. Pues por la sencilla razón de que si no me presento al examen y no hay un papel con mi nombre y cuatro garabatos en la carpeta del profesor, no se propicia otra situación en la que este señor haga otro alarde de misericordia, que es al fin y al cabo lo que el españolito medio viene buscando en las erasmus. Mis intenciones eran otras, pero aprobando algo podría ser más feliz, cómo no.

Pero bueno, lo cierto es que en el examen no me fue tan mal como yo me esperaba; lo que no significa que fuese bien… Ahora hay que esperar hasta mediados de agosto para saber los resultados.

Zwei Prüfungen gemacht

Posted Julio 11, 2007 by Sule
Categories: Diario

Esto parece que ya empieza a ponerse serio. De hecho se puso así hace una semana, cuando me di cuenta que debía echar horas extras de estudio para no hacer el ridículo en los exámenes. Cuatro meses y pico sin dar un palo al agua me han pasado factura. Cuatro meses y pico de excesivos excesos. ¡Que me quiten lo bailao!

Estudiar en un idioma que no conoces es complicado; esto ya me lo imaginaba antes de venir. Un año en la escuela de idiomas no es suficiente para seguir una clase de universidad, ni siquiera para seguir una conversación con un borracho incapaz de articular más de 3 palabras por frase. Por algo existen exámenes como el TestDAF, necesarios para estudiar en universidades alemanas si eres extranjero. Lo que pasa es que los erasmus tenemos licencia para casi todo y nos dejan colarnos sin tener ni idea de la lengua con la que se imparte docencia. Al principio fue un poco raro y duro asistir a las clases, e intentar en vano captar alguna idea clave. Pero al final ya estaba acostumbrado… en las clases a las que aun seguía asistiendo. Es un coñazo, para qué engañarnos.

El primer examen que hice, fue el de alemán. Ningún tipo de problema, salvo que creo que no me matriculé para hacerlo. Aquí tienen un sistema distinto para todo esto: puedes matricuarte de 7 asignaturas en un semestre, pero dos meses antes de que éste acabe, debes inscribirte en aquellas que desees hacer el examen. Típicamente serán esas 7, pero habrá algún caso en el que sean menos. El día del examen, cuando llegas a la clase, encuentras una lista con los nombres de los concursantes y un número asignado a su lado, llamado Platzziffer”. El lugar donde debes sentarte. Dentro, en cada mesa hay un letrero con diferentes números, donde debes buscar el tuyo. Como yo no constaba en la mencionada lista, la profesora me dijo que tomase un asiento vacío y ya veríamos. La prueba fue bastante sencilla; lástima que no me vayan a dar ni un crédito por aprobar esto.

Hoy hice el segundo examen: Technische Mechanik II. Como “Elasticidad y resistencia”, para los que saben de lo que hablo. Si algo he aprendido estudiando para esta asignatura, son nombres largos y feos; pero eso es una de las cosas que más me interesaban: aprender vocabulario técnico. El problema principal consistía, ya no en la dificultad de estudiarla, sino que necesito mucho tiempo para entender las preguntas. El profesor me permitió utilizar el diccionario, pero me advirtió que no me daría tiempo a hacer todo el examen. De hecho, en 90 minutos, a nadie le dio tiempo. Resultó ser un examen muy largo y complicado, donde sólo pude dejar constancia de algunos cálculos que no servirían para aprobar… Por mis propios medios. Esto es así porque el profesor, mientras comprobaba mi nombre y número, me preguntó si era alumno extranjero y acto seguido hizo una anotación junto a mi nombre.

– ¡La marca del Elegido!– me dije.

Con semejante escena, no queda sino relajarse y darlo todo y más en el ejercicio. Kein Stress, como dicen por aquí.

Ahora encontramos un “pero”, y es que el próximo examen corre por la cuenta de un profesor que parece estar dispuesto a alzar la mano, pero para darme un cate en la cepa de la oreja, en lugar de mostrarse cooperativo y aprobarme. He de entregarle unos ejercicios antes del examen para ganarme el derecho a presentarme a la prueba. Gracias a eso estoy descubriendo que en caso de escribir el examen no sería capaz ni de plantear alguno de los problemas. Permanecería impasible si no fuera porque necesito aprobarla para que, junto con la examinada hoy, puedan convalidarme una asignatura en España. Con una de las dos no hago nada: doble o nada, como se suele decir.

Voy a ir pensando alguna forma de llorarle en alemán. Y a ver si alguien puede mandarme un jamón a Gryffindor, podría utilizarlo ya como último recurso (muy bueno, por cierto).

No Kangaroos in Austria

Posted Julio 2, 2007 by Sule
Categories: Diario

Llegó el esperado viaje al país vecino, anfitrión del Danubio, conocido mundialmente como Austria (la que no tiene canguros). Más concretamente fuimos a Salzburg, situada a pocos kilómetros de la frontera alemana, al pie de los Alpes. También cuna de talentos musicales como Mozart y científicos tales que C. Doppler. Incluso el tipo ese que inventó el Red Bull viene de allí. Y, como ya me habían avisado, es un lugar muy caro. Me he dado cuenta de que este país tiene mucho en común con Alemania, no sólo el lenguaje (¡hablan Bávaro y producen Brezel!).

Salzburgo es una ciudad pequeña, no más de 100.000 habitantes, situada a orillas del río Salzach, entre dos montañas y antaño lugar estratégico ideal para protejerse de los enemigos. Aparte de lo ya mencionado, aquí existen dos atractivos fundamentales: La fortaleza Hohensalzburg y la película Sonrisas y Lágrimas. Con la película están que no cagan. He de decir que siempre me ha gustado mucho, pero es que en cada calle puedes ver libros de fotografías y guías de The Sound of Music. Esas guías te llevan por todos los lugares donde se rodó el film, la casa de la auténtica familia Von Trapp, etc. Nosotros no hicimos ese tour, pero parecía interesante, sin duda. No en vano, pude estar en el cementerio y el teatro que aperecen en la película :)

En cambio a la fortaleza si que subimos, en la medida de lo posible, he de decir. Ya lo sospechaba desde hace un tiempo, pero he llegado a la conclusión de que las mujeres poseen un gen que les provoca una necesidad insaciable de ir de compras. Ya véis, unos siempre estamos pensando en mujeres y otras siempre piensan en comprar. Lo cierto es que este fenotipo no se manifiesta con la misma intensidad en todos los sujetos, así que una parte del grupo fuimos al castillo y algunas se fueron al Zara o H&M. El acceso a la fortaleza se realiza por medio de un Funicular (en alemán: Standseilbahn) que se inauguró hace unos 120 años aproximadamente. Costaba 10€ el viaje de ida y vuelta. El fuerte fue construido en el siglo XI, pero se conserva en perfecto estado. Nunca fue destruido, ni sufrió daños graves. De hecho, se le considera el mejor conservado Europa central. Nos dimos una vuelta por la zona aquella sin prestar mucha atención a los detalles y comimos al aire libre frente a los picos alpinos; todo un espectáculo.

Por la noche algunos decicimos salir a conocer la noche Salzburguesa, pero dedepcionantemente, hay más movimiento en Gryffindor un jueves en época de exámenes, que aquella ciudad. Para colmo, me cobraron 4€ por una cerveza o un Nestea, indistintamente. Si… he dicho Nestea, a secas. Me estoy desintoxicando poco a poco de la cerveza, para que la vuelta a España no sea tan dolorosa :P

El domingo por la mañana, tras un par de horas de relax en un Bierbank en la entrada del albergue, tomamos el tren de regreso. Casi cinco horas de viaje en tren, cuando en coche creo que se debe tardar un par de ellas o tres, como mucho. Pero bueno, mereció bastante la pena. Ya que estoy cerca, tenía que aprovechar la oportunidad de hacer esta visita, que nunca se sabe cuando se presentará otra ocasión de realizarla.

Este ha sido posiblemente el último gran viaje que realice aquí. Me gustaría visitar el oeste alemán cuando acaben los exámenes, pero creo que no va a ser posible, pues hay muchas fiestas de despedida que perpetrar y pocos días disponibles.

La cuesta final

Posted Junio 16, 2007 by Sule
Categories: Diario

El mes de junio está siendo peculiar en Gryffindor. Toda la comunidad de estudiantes ve en el horizonte a julio y con él los exámenes. La reacción natural es ponerse a estudiar digo yo, pero aquí sacan fuerzas y tiempo de donde no hay para hacer fiestas. En mi calendario el número de fiestas por decímetro cuadrado de papel ha aumentado considerablemente; para colmo, se lleva mucho eso de haber nacido en junio y claro, la gente quiere celebrar actos tan significativos como su alumbramiento. Cosa que no me molesta, para nada. Como puede resultar bastante aburrido, haré un resumen de lo acontecido estos días.

Como decía, junio va de cumpleaños (Geburtstag, como dicen por estas tierras). Y parece que es cosa de tradición perpetrar una macrofiesta cuando uno cumple los 30 años. Cada vez estoy más convencido que los treinta deben de ser geniales; de hecho tiene que ser como tener 20 pero teniendo pasta, con la maquinaria un poco resentida quiza y sin la universidad (cosas peores se pierden). A mi aun me queda por delante esta década y la única pega que podría poner es que necesito encontrar Just For Men, que el cuero cabelludo se me empieza a poblar rápidamente de pronunciadas canas (weiße Haar), como si de una reacción en cadena se tratase. Sé de buena tinta que muchos en el auditorio cuentan con más lustros a sus espaldas, igual gustan de pronunciarse al respecto.

Todo esto venía a que un amigo abandonó su tercera década y lo hizo por todo lo alto, en el jardín de su casa. Barbacoa y paellas realizándose sin tregua alguna. No podría elaborar una estadística exacta, pero la sangría y la cerveza se contabilizaban con potencias de diez, para agilizar cálculos. Nunca en mi vida he visto tantos barreños de fruta en remojo, ni piscinas albergando cajas de birra. Dadas las proporciones que adquirió el evento, la celebración hubo de abarcar dos días. El polaco y yo coincidimos en que no habíamos visto nada semejante, jamás.

Esa misma semana, unos chicos realizaron una especie de experimento sociológico, como un proyecto de una asignatura de IM. Una carrera como esa da mucha vida a cualquier universidad, porque todo el mundo tiene que hacer proyectos en plan: organizar una fiesta en el campus, organizar un concierto, o por el contrario realizar una fiesta, torneos de futbol… En este caso, en un alarde de originalidad, se trataba de ir a un lago cercano al municipio deggendorfés, hacer unos grupos, construir unas balsas y conseguir que navegasen. Me pareció que podía ser muy divertido y me apunté a la actividad. Lo malo era que había que madrugar en sábado.

– Esperemos que merezca la pena.

Cuando nos separaron en grupos de ocho personas, nos repartieron unas instrucciones de cómo funciona el experimento en sí. Se trataba de contrastar dos tipos de costumbres distintas entre las personas, teniendo estas que cooperar entre sí para poder construir la embarcación. Tenia más miga la cosa, pero es algo largo de explicar. El caso es que pude poner en práctica algo de ingeniería, aunque no náutica, evidentemente. Contabamos con 5 toroides o “donuts” de caucho llenos de aire, tablas y vigas de madera, cuerda y nuestra imaginación. Acabada la fase de construcción, tuvimos que ponerla sobre el líquido elemento y comprobar su flotabilidad. Sin carga, todo parecía funcionar tal y como la teoría predecía. La cosa cambió cuando subimos a bordo los ocho tripulantes. En virtud del principio de Arquímedes, la barca quedó parcialmente sumergida y nosotros, sentados sobre los maderos, nos mojamos levemente hasta la cintura. En realidad, yo creo que un observador en tierra firme afirmaría que no contemplaba vehículo alguno, sólo 8 cuerpos flotando como por arte de magia. No obstante, remamos sin parar a la vertiginosa velocidad de 0.2 nudos para intentar cubrir el recorrido antes que nadie. Uno de los tripulantes decidió ejercer como propulsor adicional y empezó a nadar tras la nave. Finalmente, todo el mundo salió airoso de la prueba, aunque sin más pena que gloria, y nos dimos un agradable chapuzón. A pesar de que el lago contaba con una notable capa de algas y ramas en su superficie.

Tras la prueba de supervivencia, nos invitaron a comer en la cafetería de la uni. Así da gusto. No sólo basta, como decía, con tener una carrera como International Management para animar el ambiente, sino que también hace falta pasta (amén de gente que se vuelque y apoye tales actividades). Y aquí están forrados. Me dicen que el año pasado fue el primero en el que se hubo de pagar matrícula para estudiar en las universidades, y cuando aun era gratuito estaban podridos de dinero. Imaginad ahora.

Es curioso que no costase ni un duro estudiar en la universidad. Incluso los másters eran kostenlos. Ahora creo que la matrícula ronda los 500€, que tampoco está nada mal. Hace unos días en la clase de alemán la profesora nos contaba cómo se organiza el sistema educativo en este país y me pareció bastante injusto. Por lo visto, aquí tienen tres tipos de escuelas:

  • Hauptschule
  • Realschule
  • Gymnasium

A la edad de 6 años empiezan la Grundschule, que es como la primaria y dura unos 4 años. Si la niña o niño no ha obtenido buenas notas en este período, lo mandan a la Haupschule, que es un tipo de colegio no muy bueno, donde pueden obtener un certificado de “madurez media”. También pueden ir a la segunda opción, donde al final (tras 6 años), pueden obtener un certificado con el que se les permite estudiar dos o tres años más en la Fachschule y asi poder acceder a una carrera técnica. Eso si, si de niño fuiste buen estudiante, podrías asistir a la Gymnasium, donde te espera un bachillerato de 8 ó 9 años, obtener tu Abitur (selectividad) y tener todas las puertas abiertas. Lo malo de todo esto, es que con 10 añitos la única preocupación es qué contendrá el bocadillo de la merienda o si bajarás a jugar a la calle después, nadie tiene muy claro qué quiere hacer con su vida en un futuro tan lejano. Y si con esa edad no se te da muy bien estudiar o simplemente no te ha motivado lo suficiente, lo más probable es que no vuelvas a recibir motivación después.

Y hablando del Abitur, ayer fue cuando los chavales alemanes tuvieron que hacer el examen y por la noche había fiestas organizadas en toda la ciudad. Iban en grupos con camisetas iguales y se firmaban unos a otros en la ropa. Yo hice la selectividad en septiembre y empecé la carrera 3 días después, así que no me dio tiempo a celebrar nada (tampoco había mucho que celebrar…). Pero creo que allí no hay mucha costumbre de celebrar estas cosas. Para colmo tienen el valor de decirme que en España estamos siempre de fiesta y que seguro que me estoy aburriendo en Alemania. Lo que hay que oir…

Lo cierto es que por la tarde fuimos a un parque a jugar volley-playa y uno de esos grupos de los afortunados que aprobaron el examen dijeron de jugar un partido y el que perdiese pagaba unas cervezas al otro equipo. Nos hicimos con el trofeo, que vencía esa misma noche. Pero al final decidimos perdonarles la deuda, que lo dijeron en caliente y bajo la emoción de la situación.

Tres meses, que se dice pronto

Posted Junio 1, 2007 by Sule
Categories: Diario

Aun recuerdo cuando, preso de la emoción, narraba que se cumplía un mes de mi llegada a Baviera. Casi sin percatarme ya cuento con dos meses más, he cruzado el ecuador de esta etapa que he tenido el privilegio de vivir. Por lo visto esto es señal de que lo he pasado bien. No cabe duda, pero es injusto. Cuando las pasas putas es cuando el tiempo debería transcurrir volando. La relatividad y sus cosas… El caso es fastidiar siempre.

Antes de venir, medio en broma medio en serio, la gente me decía que no iba a aprender nada de alemán, que iba a estar siempre de fiesta con los españoles. – A los españoles no quiero ni verlos– respondía yo. La realidad es que hasta ahora he ido a muchas fiestas y maltratado mucho a este mi hígado, que el pobre no se ha visto en otra similar, pero acompañado normalmente de extranjeros. No fue hasta el viaje a Hamburgo cuando empecé a entablar más relación con los pocos españoles que habitan en el poblado de Gryffindor, porque no hay más de cuatro. Las barbacoas también unen mucho, se requiere gran planificación y la puesta en escena es un continuo mano a mano. Y al final el roce hace el cariño. En cualquier caso, ciertamente pienso que he tenido una gran ventaja al no haber demasiados españoles por aqui, cosa que ha contribuido a que mi inglés mejore. Pero hay tiempo para todo: hablar y escuchar inglés, hablar y escuchar español, escuchar alemán… En la variedad está la virtud, dicen.

Y, como decía, ahora que ya me queda aquí menos tiempo del que ya he pasado, no puedo evitar pensar en que tendré que partir en breve. Es inevitable pensar eso, sobre todo cuando ya tengo el billete del avión en mi poder. Por supuesto, tengo ganas de volver. Pero sé que echaré de menos a mucha gente, esta agraciada tierra Bávara y sus femeninas habitantes, la weisßier y, por supuesto, los brezel. Estés donde estés, creo que siempre añorarás algo. No hay solución tangible para este mal.

La Noche Regensburguesa

Posted Mayo 29, 2007 by Sule
Categories: Diario

Esta ciudad bávara, con sus más de 150.000 habitantes y un gran porcentaje de estudiantes tras sus filas, tiene fama de ser lo más en cuanto a fiestas se refiere. Variedad de locales, también cantidad y calidad, superávit de chicas y otros increíbles adejetivos llenan la boca de quienes afirman conocer la noche regensburguesa. La distancia que separa este lugar de Gryffindor apenas son 80 km, una hora en tren, así que no estaría bien abandonar el país sin conocerla de primera mano.

El sábado se celebraba una fiesta de música balcánica en una discoteca de aquella ciudad, así que organizamos el día de modo que pudimos realizar una barbacoa a orillas del Danubio en Deggendorf, partir hacia Regensburg en busca de ritmos serbios y yugoslavos entre otros, y regresar con el primer tren de la mañana.

A medio día fuimos de compras al maldito Netto, que pese a todo, es lo más barato que existe en el mundo para asuntos de alimentación. Somos estudiantes, así que la calidad de sus productos y trabajadores debemos pasarlas por alto. Tras adquirir carnes y salchichas varias, una caja de cerveza (kasten) y lo necesario para elaborar una sangría como Dios manda, nos dirijimos a una zona que encontramos sin mosquitos, cerca del río.

Es alucinante, pero con esto de que el tiempo no rige correctamente, hay una superpoblación de insectos. De camino a la universidad, el otro día me dio por bostezar mientras caminaba y, sin quererlo, degusté un opíparo desayuno rico en proteínas. Eso que me ahorré en la cafetería… De hecho, en el bosque bávaro parece que hay una variante de garrapata mutante que ha obligado al ministerio de sanidad a convocar a todo el que habita en esta región para que sea vacunado contra algún tipo de meningitis, si no me equivoco. Yo de momento no me he vacunado, porque por lo visto el tratamiento consta de 3 sesiones a lo largo de varios meses y a mi me quedan dos telediarios en Baviera. Además sólo hay riesgo si te adentras en el mencionado bosque.

Retomando el tema: tras la abundante comida y sobre todo bebida, recogimos el chiringuito, limpiamos la zona y pusimos rumbo a la residencia, contrarreloj en cierto modo. Todo marchaba en orden. Aseo a fondo, aprovisionamiento de cerveza para el tren: me encanta que los planes salgan bien.

Tras la llegada a la “capital” fiestera, visitamos en primer lugar la discoteca para hacernos con la entrada antes de que se agotaran y fuimos a tomar unos caldos a otro sitio, donde había una camarera que estaba en el límite del tiabuenismo, pero por contra tenía una carencia notable de simpatía. Fue eso lo que me echó para atrás a la hora de perdirle hacerme una foto junto a ella, así que tendréis que confiar en mi palabra: no exajero.

Abandonamos este sitio y nos adentramos de lleno en la fiesta balcánica. Jamás había escuchado este tipo de música, lo cierto es que no es el tipo de música que escucharía en mi casa. Pero al fin y al cabo, nadie suele escuchar música de discoteca en condiciones normales. Los temas tenían ciertas reminiscencias de gitaneo, algo que debía ser folclórico de los Balcanes y mezclado con tendencias techno como buenamente se le ocurría al, por lo visto famoso, DJ Shantel. Un tipo pequeño totalmente pintoresco, auténtico, equipado con un gran gorro que era de un material parecido al terciopelo, camiseta de tirantes, pantalones vaqueros y descalzo, el cual saltaba de un sitio a otro a la vez que entonaba gemidos o gritos en su lengua natal.

El local emanaba un cierto aire a antiguo y cutre que me enamoró, tenía estructura de un teatro circular con el mencionado dj en el escenario. Eso sí, posiblemente sea el sitio más caluroso que he visitado jamás; y una vez estuve dentro de una sauna. En mi vida he sudado tanto como aquella noche. De hecho, nunca había visto a tantos cientos de personas sudando, más que yo incluso, y hacinados en otros pocos cientos de metros cuadrados, bailando hasta no parar. Porque la música era bastanta bailable. Yo tuve que tomar un respiro al cabo de unas horas y me salí a la calle, donde el contraste de los 15ºC con mi ropa mojada hizo que me replantease entrar de nuevo al horno, pero al final le eché valor al asunto y recordé mis tiempos de chicarrón del norte.

Fue una experiencia curiosa y sobre todo extraña. Si me paro a pensar un poco, creo que es el sitio más friki que he visitado jamás. Eso de decir: “El otro día estuve en una fiesta balcánica”, suena un tanto raro. Ésta, por cierto, concluyó a las 4 de la madrugada e intentamos buscar otro sitio donde continuar. Pero parece que no había tanta marcha como nos hicieron creer (aunque lo de las chicas era verdad). No pasa nada, de todos modos, la maquinaria estaba a punto de gripar. Fuimos a esperar que la Deutsche Bahn preparase el tren de vuelta.

Regresé a mi habitación a eso de las 8 de la mañana y dormí hasta por la tarde, momento en el que debíamos encender de nuevo las brasas para acabar el material barbacoril que nos sobró el día anterior, pero esta vez en la residencia. Siempre que hacemos algo de esto, nos ponemos a jugar una pachanga de fútbol o quizá al volley, para rebajar un poco la comida. Esta vez, incluso, nos fuimos después de cervezas.

Visitamos un par de sitios típicos bávaros que resultaron estar cerrados, algo raro para ser domingo, día del reposo y día de mayor actividad para el borracho titulado profesional. Un chico nos explicó que hay algunos bares en los que el dueño ve que ya tiene el dinero suficiente y decide cerrar lo que queda de mes. Yo aluciné unos minutos. O sea, que el tipo se ha sacado la pasta necesaria para vivir a día 26 del mes M y chapa las puertas hasta el día 1 del M+1, increíble. A mi se me antoja un poco arriesgado, aunque si los clientes están acostumbrados y no les importa…

Semana Internacional

Posted Mayo 25, 2007 by Sule
Categories: Diario

Aunque, más que semana internacional, la llamaría: semana de las barbacoas. Y es que últimamente no está haciendo tan buen tiempo como solía hacer y aprovechamos cualquier día soleado para perpetrar una barbacoa en la residencia.

El viernes de la semana tuve el honor de descubrir y/o degustar por primera vez la cocina Indú, pues un colega de aquel país nos invitó a unos cuantos a cenar y la cosa estuvo más que excelente. Mientras hacía los preparativos, tuvo la precaución de probar el brebaje en el que flotaban unos muslos de pollos y exclamó:

– ¡Uis! Parece que me he colado mucho en el picante.

Luego lo probé yo y no me pareció tan exajerada la cosa, pero si que picaba un poco. Durante el transcurso de la velada, pudimos ver cómo nuestro anfitrión y algunos más rezumaban generosos lagrimones. Tras la especiada cena uno nos enseñó unas escenas de una película en YouTube. Fueron tan desagradables que no hizo falta ningún indrediente más para que el cocinero tuviese que hacer una visita relámpago al cuarto de baño y vaciar el estómago de la forma menos habitual. Otro de los indúes me dijo que trabaja en el restaurante indú de Gryffindor y que si algún día quiero ir, le avisase el día de antes, para preparar buenas especialidades. Así da gusto.

Esta semana ha tenido lugar la celebración de la Semana Internacional en el poblado de Gryffindor. ¿Qué es la S.I.? –se preguntarán algunos. Se trata del mayor evento intercultural que la buena gente de estas tierras tiene oportunidad de ver. Se organizan fiestas, catas de comida típica de cada país, más fiestas, torneo de fútbol y poco más. Esto se da debido al amplio catálogo de nacionalidades representadas aquí, venidas desde todos los rincones del mundo conocido. No obstante, ha estado también caracterizada por la gran cantidad de barbacoas que hemos realizado. Hace dos semanas no me lo hubiese creído, pero llevamos ya cuatro noches de carnes variadas a la brasa en una semana, señal de que aun podemos divertirnos baratamente si el tiempo lo permite.

El martes por la tarde se convocó en la Fachhochschule una campaña de donación de sangre (Blutspender, en teutón), extaían poca cantidad pues era destinada a la comprobación de compatibilidad de una niña con leucemia y extraer células madre en caso afirmativo. Me presenté allí para aportar un poco de mi fluido vital. Tras enfrentarme al papeleo de rigor, un señor me extrajo aproximadamente 10 ml del brazo izquierdo y realizó un movimiento en falso para cojer una tirita.

– Brazo morado para una semana – me dije.

No contento con aquello, pero satisfecho de estar haciendo un noble acto, me dirigí a entregar el tubito de sangre. Allí unas chicas de International Management que estaban de voluntarias revisaron los papeles y bromeamos acerca de algo que no recuerdo ahora mismo. Lo cierto es que me preguntaron cuándo regresaba a España y una mujer, con pinta de ser la encargada de aquello y que no había dejado de arrimar la oreja a la conversación, me preguntó: Pero volverás pronto, ¿no?. Me quedé un poco extrañado: – No, no creo que vuelva en mucho tiempo. Acto seguido me dijo que no podían almacenar mi sangre, que sólo en el caso de residir en Alemania los próximos meses podría ser útil.

– Lo sentimos mucho, pero no podemos quedarnos con tu sangre.

– Soy yo el que lo siente y más, probablemente, la niña– añadí.

Aquella misma tarde estaba fechada la fiesta española, la cual se desarrolló en una discoteca de moda y punto de obligada visita en la Noche Deggendorfiana. Contaba con sangría y decoración por manos puramente españolas, aunque tuvimos que recurrir a la bandera española de Jay, pues ninguno de nosotros tenemos bandera patria (¡aunque sí bávara!). Una vez solucionado ese imprescindible detalle, procedimos a colgar globos rojos, amarillos y alguno morado que se nos escapó, por todo el local. Alguno que sintió curiosidad recibió una lección de historia española; creo que nunca más se les ocurrirán preguntar nada referente a colores banderiles en ningún otro contexto. Yo hablé con Jay acerca del tema de las banderas en España, que el que tiene una en su salón es puesto de facha para arriba. Me comentó que allí hasta hace unos cinco años pasaba exactamente lo mismo, pero que desde entonces parece que ha vuelto a haber un resurgir de los colores teutones. Está bien, porque eso de avergonzarse de tu propia bandera es una tontería. No obstante, creo que nosotros tenemos muy arraigado esa no-afición por las banderas.

El miércoles tuvo lugar el torneo de fútbol en la propia universidad, donde improvisaron un recinto vallado y pequeñas porterías. Los ganadores recibieron como premio principal un Megáne Coupé-Cabriolet, aunque sólo para recorrer 300 Km.

Este fin de semana vamos a ir unos cuantos a Regensburg a una fiesta rara que tiene lugar allí. Es de música folclórica o algo así… Ya contaré qué tal. Desde el viernes al martes tenemos fiesta (ambos días inclusive), debido a no sé qué fiesta religiosa. Luego dicen de los españoles, pero yo creo que aquí tienen más fiestas que nadie. Llevo tres meses y ya he disfrutado de tres puentes (sin contar Semana Santa). Al final el viaje a Praga no se va a realizar, al menos no hay nada claro en un horizonte visible. Así que el próximo viaje no sé si será a la Selva Negra alemana o a Austria; a finales del mes que viene, en cualquier caso.

¡Vivan las Hamburguesas!

Posted Mayo 17, 2007 by Sule
Categories: Diario

La semana pasada tuve la oportunidad de visitar Hamburgo con unos amigos españoles y brasileñas, también con un amigo de éstos que reside allí. Teníamos el viaje de ida en un supuesto tren de alta velocidad, pero yo creo que no pasó de 120 km/h en ningún momento del trayecto. Eso sí, lo de cruzar el país en 7 horas no lo supimos apreciar debidamente hasta que nos embarcamos en el viaje de regreso. Compramos una caja de cervezas para, de alguna manera, solamente animar el viaje de ida; porque, en honor a la verdad, la caja no consiguió sobrevivir al fin de semana. Pero vayamos por partes.

Hamburg es una ciudad portuaria, cuyo puerto ostenta el título de ser el segundo en orden de importancia en Europa, sólo superado por el de Rotterdam. Cuenta con más de 10 siglos de historia y, como la mayoría de las ciudades importantes alemanas, sufrió muchos daños durante la Segunda Guerra Mundial. Tras nuestra llegada, en la tarde del jueves, dimos un obligado paseo por la conocida Reeperbahn Straße de camino a casa. Esa calle es una de las más importantes de la ciudad, aunque yo no la conocía hasta que me ví en ella. Principalmente está poblada por teatros, sex-shops, clubes nocturnos y otros locales de perversiones varias. Toda la zona que envuelve a esta avenida es el área de mayor fiesta en la ciudad y nosotros ibamos a pernoctar en el corazón de semejante bestia. Bueno, eso de pernoctar es una forma de hablar, porque el que escribe éstas líneas sólo descansó aquella noche.

Tras dejar los bultos, decidimos abordar la noche de manera prudente y sin excesos, pues el viaje agota bastante aunque no me explico por qué, pues ibamos todo el rato sentados. Visitamos un par de lugares donde poder tomar unas cervezas. Y fue allí donde comenzamos a echar de menos a nuestra amada patria Bávara. Una de las razones fue que en el norte no hay tradición de producir weißbier, lo que se bebe allí es la conocida Pils o Pilsen, que ni siquiera es de origen alemán. Dependiendo de la marca, el sabor de la Pils puede oscilar entre cerveza amarga y la propia mierda. Ese fue el primer choque cultural sur-norte. Otro punto que llamó mi atención fue la existencia de multitud de pubs poblados de sofás, algo de mucho éxito en esta ciudad, la parecer. Normalmente estos sitios suelen tener un aspecto sucio y hacen gala del tradicional estilo antro, caracterizado por la ausencia de buen gusto.

El viernes fue la fecha señalada para visitar la ciudad de Hamburgo. El primer destino fue el citado puerto, pero por desgracia comenzó a llover. Aun así, decicimos hacer uso de unos barcos de línea que unen distintos puntos del puerto como si de un autobus en el centro urbano se tratase. Tras permanecer un tiempo en cubierta, disfrutando del espectáculo, tuvimos que resguardarnos en el interior hasta que escampó. El siguiente objetivo fue el centro de la ciudad, rodeado de canales navegables cual Venecia teutona y repleto de enormes y antiquísimas construcciones. Incluso el Burger King hacía gala de cierta solemnidad arquitectónica, aunque interiormente era como cualquier otro local de su misma especie. Fue allí donde me comí la única haburguesa durante mi estancia en la ciudad.

Por la noche visitamos uno de los muchos sexshops de la Reeperbahn, cuya una de las plantas que lo componían desprendía un fuerte olor a cuero. Las otras tenían el aroma del latex, por razones obvias. Una “boutique” orientada al fetichista, al carnavalesco o simplemente al vicioso. Fue muy instructivo y, en ocasiones, desagradable (sección sado). Tras esto, algunos decicieron retirarse al catre, pues al día siguiente querían visitar Bremen. Yo continué con el resto, visitando otros lugares de interés fiestero y una calle de prostitutas, al estilo de Amsterdam. No es casualidad que las ciudades portuarias tengan una gran oferta de prostitución. Nunca había estado rodeado de tantas mujeres guapas con las que podría haber empujado en cuanto yo quisiera, previo pago, por supuesto. Estaban exhibidas en escaparates y no dudaban en venderte la mercancía cuando pasabas por su lado, de hecho intenté en vano algún que otro regateo; resultaron tener buenas aptitudes para el comercio, entre otras virtudes que mi imaginación no pudo dejar de barajar.

Para seguir con la imagen perversa de Hamburgo (no he conocido otra), diré que poco después de aquello, un borracho que resultó ser un poco gayer se sintió atraido por mi. Por suerte, los borrachos aquí suelen ser muy pacíficos y dóciles, por lo que pude despistarlo. Al acabar la noche, fuimos a uno de los bares más antiguos de la ciudad, en la Hamburger Berg, llamado Zum Goldenen Handschuh. Aquel lugar abría sus puertas a partir de las 4 de la mañana y resultó ser el lugar de encuentro para viejos borrachos venidos a menos, personas totalmente acabadas y otros sujetos similares, entre los cuales no acabamos de cuajar. Gente que te dice “por favor, no bebas, es mejor para ti”, pero seguidamente te invita a una cerveza. Allí una señora de unos cuarenta y pocos años se me acercó contándome una historia y aprovechó para meterme mano. Al principio me dejé, pero cuando mi moral despertó tuve que poner fin.

Si hay algo que jamás habría imaginado, es que iba a acabar una noche sentado en un sofa en las calles de Hamburgo discutiendo acerca de La Hora Chanante, a las 6 de la mañana. Ver para creer.

Una vez a salvo en casa, pensé que sería buena idea ir a Bremen antes de que me violaran en aquella ciudad. Así que dormí un par de horas y al día siguiente hice un viaje relámpago, con el sector que decidió descansar, a la ciudad bremense, cuyo centro y periferia me pateé sin vacilar. Una ciudad muy bonita, más que Gomorra Hamburgo, al menos en lo que a turismo se refiere. Al caer la tarde, me dio la bajona y tuve que dormir un poco en el tren de vuelta.

Allí me esperaban los otros para volver a salir de fiesta. Gracias a la reconstituyente siesta, pude permitirme no defraudarles y salir aquella noche también, aunque esa vez no hubo acoso de ningún tipo. Eso si, nos dimos otra vuelta por la calle de las putas, para ver si había alguna nueva. En general y fuera de esa calle de vicio, las hamburguesas son bastante guapas. Creo que el estándar de chica alemana alta, con pelo rubio y piernas muy largas en plan Claudia Schiffer, debe venir del norte alemán, porque en baviera no gastan esas proporciones.

La mañana del domingo la aprovechamos para visitar el, por lo visto, famoso mercado del pescado de Hamburgo cerca del puerto. Pero lo cierto es que allí se vendía de todo exepto pescado. Casi cuando nos ibamos, descubrimos una pequeña zona donde se vendía pescado. La mayor parte, creo que no era ni siquiera era fresco. Yo esperaba que iban a estar allí los marineros descargando cajas de los barcos, apestando en 500 metros a la redonda. Pero era más una feria que otra cosa.

Unos minutos después, partimos hacia la estación principal para tomar el tren que nos llevaría de regreso a casa. Tuvimos que hacer 7 transbordos, si la memoria no me falla, durante más de 13 horas de viaje. Pero cruzando el país por 7€ no se puede pedir mucho más. Gracias a esos trenes, atravesamos la antigua Alemania del Este, viendo el “paisaje”, por llamarlo de algún modo, porque la mayor parte se trataba de fábricas abandonadas y lugares un poco tristes. No pude aprovechar demasiado para recuperar horas de sueño, pues los Regional Bahn son bastante incómodos. Pero cuando la maquinaria no puede más, podría dormirse en lo alto de un pincho.

¡Proximo destino: Praga!